Africa se vacía en Europa ¿Por qué Africa es tan pobre?
Según la ONU todos los países del Continente Africano son considerados de bajo estándar en desarrollo humano, es decir, que la mayoría de sus ciudadanos viven en horribles condiciones que les empuja, entre otras cosas, a emigrar a Europa.
Una paradoja africana. Este Continente es fabulosamente rico en minerales, petróleo y tierras aunque el 60% de su población sobrevive en una extrema pobreza. ¿Qué está sucediendo? La pobreza es generada principalmente por los gobiernos corruptos, inmorales, rateros y avariciosos de casi todos sus países, también por una crisis económica que cada vez va a peor, por guerras interminables, constantes o esporádicas, que está acostumbrando a sus hombres a vivir más del fusil que del azadón; existe una precariedad en todo, las catástrofes naturales colaboran a veces con estas miserias que se ceban siempre con los más desfavorecidos y en definitiva, todos mal viven en un estado de cosas difícil de solucionar a corto o medio plazo.
En las ciudades la mayoría de las personas subsisten gracias a millones de puestos callejeros y a los pequeños talleres de reparaciones de cualquier artículo mecánico o eléctrico. Nadie paga impuestos, los ayuntamiento no pueden ni abonar la recogida de basura que se acumula en la vía pública en pestilentes montones infectos de ratas. Africa -dicen algunos intelectuales aborígenes- no es pobre, solo está dirigida pobremente por sus políticos.
Africa tiene en la actualidad una población de 900 millones que se reparte entre 54 países, entre estos los diez más pobres son Etiopía, Malí, Níger, Burkina Faso, Burundi, Somalía, República Centro Africana, Liberia, Guinea y Sierra Leona.
Es triste reconocer que siendo Níger el tercer país más pobre del Continente un ciudadano de este país Aliko Dangote posee una fortuna calculada, según la revista Forbes, en 18.000 millones de euros.
Por otra parte la Unión Europea no sabe qué hacer con el flujo constante de inmigrantes que se le cuela a diario en su territorio. Bruselas tiene previsto aumentar las ayudas y la inversión en algunos países africanos a cambio de cooperación de dichos países en el control fronterizo y de la readmisión de los ciudadanos deportados. El objetivo esencial con esto es que haya menos personas que se marchen de sus países de origen y que los que intentan migrar sean retenidos antes de abandonar el país.
Se calcula que un 1% de la población total de Africa intentará entrar en la UE de la forma que sea, todo en un plazo calculado de cinco años, es decir que unos nueve millones de africanos se desplazarán a Europa. ¿Dónde los metemos? ¿Cómo podría ayudar el millonario nigeriano Mr. Dangote con su fortuna de 18.000 millones de euros a los más pobres de su país?
Más información (Ver en Youtube):
Documental- La mirada de Africa
Documental- Exceso de población
El 70% de los nigerianos viven en la pobreza extrema
martes, 26 de diciembre de 2017
lunes, 25 de diciembre de 2017
La aparición
La aparición (Un minicuento)
Aquel Verano estaba cargado de sadismo, se deleitaba viendo a los habitantes de aquel pequeño y miserable pueblo como se asaban y se atoraban al respirar el polvo de sus sucias calles.
Algunos parroquianos esperaban que llegara la noche y poder salir a la calle para pasear o sentarse en la terraza del bar El Cuche instalada junto a la carretera. Allí bebían sus cervezas y contemplaban a las mozas y a los mozos que caminaban por el arcén mientras imaginaban lo imaginable.
Jacinto y su esposa, ambos rayando la sesentena, estaban acompañados por una pareja de amigos seniles, pueblerinos, envidiosos y cotillas. El trío formado por la susodicha pareja más la mujer de Jacinto no paraba de hablar. Éste los oía pero no escuchaba la sarta de memeces que decían y como, entre otras cosas, añoraban un pasado nefasto y mezquino, sacando a relucir aquellos duros inviernos de la posguerra cuando los escolares tenían que llevar, cada uno, una lata con ascuas para evitar no quedar congelados en la clase. Jacinto sentías mareos y contestaba con monosílabos a las preguntas de los tertulianos mientras que su mente casi entraba en un estado de ataraxia.
Entre el barullo que formaba los tres habladores Jacinto sobreoyó unos tacones de mujer que se acercaba por el lado derecho de la carretera. Su oído derecho percibía con claridad, como si escuchara en estéreo, el armónico tac-tac de unos tacones mientras que el oído izquierdo lo percibía más débilmente. Cuando ambos oídos se sincronizaron apareció frente a Jacinto la escultural figura de una chica de belleza indescriptible que vestía un ajustado traje verde y calzaba unos zapatos de altísimos tacones. Todos callaron excepto la vieja que dijo:
-Esa va a salir más puta que la madre
-¿Quién es esa chica?- preguntó Jacinto, como distraído, al mismo tiempo que la devoraba con los ojos
-Es la hija de la Risita, la que vive en los Chozos, la que fue abandonada por el marido para fugarse con la Matraca.
-¿Tu eres de Villacatán?- preguntó Jacinto a la bella dependienta de "Modas Javy. Para el Caballero que sabe vestir."
-Sí señor ¿me conoce usted de algo? -preguntó Adela mientras descolgaba otra americana del perchero para que se lo probara Jacinto.
El armario de Jacinto comenzó a llenarse de trajes, americanas y camisas de Modas Javy, la tienda más lujosa de la ciudad.
Jacinto se matriculó en una escuela de arte de la capital. Así -le dijo a su esposa- salgo del pueblo dos veces a la semana, me distraigo y no caigo en la desesperación viviendo en este triste lugar.
Jacinto, muy cortés, llamó al timbre de la puerta a pesar de que tenía las llaves para entrar. Cuando Adela dejó pasar a Jacinto lo besó al mismo tiempo que le susurraba: pasa cariño, te echaba de menos.
Aquel Verano estaba cargado de sadismo, se deleitaba viendo a los habitantes de aquel pequeño y miserable pueblo como se asaban y se atoraban al respirar el polvo de sus sucias calles.
Algunos parroquianos esperaban que llegara la noche y poder salir a la calle para pasear o sentarse en la terraza del bar El Cuche instalada junto a la carretera. Allí bebían sus cervezas y contemplaban a las mozas y a los mozos que caminaban por el arcén mientras imaginaban lo imaginable.
Jacinto y su esposa, ambos rayando la sesentena, estaban acompañados por una pareja de amigos seniles, pueblerinos, envidiosos y cotillas. El trío formado por la susodicha pareja más la mujer de Jacinto no paraba de hablar. Éste los oía pero no escuchaba la sarta de memeces que decían y como, entre otras cosas, añoraban un pasado nefasto y mezquino, sacando a relucir aquellos duros inviernos de la posguerra cuando los escolares tenían que llevar, cada uno, una lata con ascuas para evitar no quedar congelados en la clase. Jacinto sentías mareos y contestaba con monosílabos a las preguntas de los tertulianos mientras que su mente casi entraba en un estado de ataraxia.
Entre el barullo que formaba los tres habladores Jacinto sobreoyó unos tacones de mujer que se acercaba por el lado derecho de la carretera. Su oído derecho percibía con claridad, como si escuchara en estéreo, el armónico tac-tac de unos tacones mientras que el oído izquierdo lo percibía más débilmente. Cuando ambos oídos se sincronizaron apareció frente a Jacinto la escultural figura de una chica de belleza indescriptible que vestía un ajustado traje verde y calzaba unos zapatos de altísimos tacones. Todos callaron excepto la vieja que dijo:
-Esa va a salir más puta que la madre
-¿Quién es esa chica?- preguntó Jacinto, como distraído, al mismo tiempo que la devoraba con los ojos
-Es la hija de la Risita, la que vive en los Chozos, la que fue abandonada por el marido para fugarse con la Matraca.
-¿Tu eres de Villacatán?- preguntó Jacinto a la bella dependienta de "Modas Javy. Para el Caballero que sabe vestir."
-Sí señor ¿me conoce usted de algo? -preguntó Adela mientras descolgaba otra americana del perchero para que se lo probara Jacinto.
El armario de Jacinto comenzó a llenarse de trajes, americanas y camisas de Modas Javy, la tienda más lujosa de la ciudad.
Jacinto se matriculó en una escuela de arte de la capital. Así -le dijo a su esposa- salgo del pueblo dos veces a la semana, me distraigo y no caigo en la desesperación viviendo en este triste lugar.
Jacinto, muy cortés, llamó al timbre de la puerta a pesar de que tenía las llaves para entrar. Cuando Adela dejó pasar a Jacinto lo besó al mismo tiempo que le susurraba: pasa cariño, te echaba de menos.
lunes, 27 de noviembre de 2017
El doctor. Un cuento de Navidad
El doctor. Un cuento de Navidad
(Publicado en el diario Ideal, Almería el 24 de diciembre de 2005)
Siempre me costó trabajo comprender la personalidad del doctor, era un hombre extremadamente reservado y callado. La gente decía de él que poseía poderes sobrenaturales. Cosa que nunca creí ya que mi alma pragmática se encontraba encallecida a mis sesenta años de edad y se había hecho refractaria a todas las entelequias y dogmas que esperan asaltarnos en cualquier momento de debilidad mental.
Pero aquellas Navidades abrieron una ventana de credulidad en mi sordidez del alma cuando pregunté a mi hija que tipo de regalo le gustaría que yo le hiciese a su hijo, mi nieto Luisito, enfermo de un extraño mal y desahuciado por los médicos desde hacía dos años; un mal que lo iba consumiendo lentamente y apagando, una a una, las velas de sus siete añitos. Mi hija me suplicó que el mejor regalo para el niño sería poder llevar el "doctor" a casa para que diera su diagnóstico. La desanimé diciéndole que el susodicho doctor era en realidad un curandero semianalfabeto que estaba encerrado en el centro penitenciario desde hacía más de cuatro lustros.
(Como este relato es un resumen del cuento que escribí para el periódico continúo saltando algunos párrafos)
Cuando el doctor entró en la habitación donde estaba mi nieto acostado, mi hija y yo nos situamos, en silencio, a los pies de la cama. El doctor miró al niño y luego paseó sus ojos por el cuarto, se agachó y palpó el suelo con las palmas de sus manos, se levantó y tocó las cuatro paredes. Volvió junto al lecho y se quedó fijamente mirando al niño enfermo. Dio unos pasos hasta acercarse a mi hija y le susurró que aquella habitación emitía mucha energía negativa, que sacara el niño al salón. Tendimos al niño sobre un sofá. El doctor puso su mano derecha sobre la frente del niño y la mano izquierda sobre su propia frente al mismo tiempo que miraba intensamente a Luisito que en ese momento abrió sus párpados y le sonrió con tristeza.
El doctor se separó del niño y nos dijo que ya estaba sanado, que dentro de unos días notaríamos una mejoría sensible.
Nunca supe lo que hizo el doctor aquel día. Ahora, un año después de la sesión, mi nieto se encuentra totalmente restablecido, asiste al colegio y juega con sus amigos.
Mañana será Navidad y los internos de la cárcel tendrán su propia fiesta, pero ¿qué podré regalarle al doctor?
(Publicado en el diario Ideal, Almería el 24 de diciembre de 2005)
Siempre me costó trabajo comprender la personalidad del doctor, era un hombre extremadamente reservado y callado. La gente decía de él que poseía poderes sobrenaturales. Cosa que nunca creí ya que mi alma pragmática se encontraba encallecida a mis sesenta años de edad y se había hecho refractaria a todas las entelequias y dogmas que esperan asaltarnos en cualquier momento de debilidad mental.
Pero aquellas Navidades abrieron una ventana de credulidad en mi sordidez del alma cuando pregunté a mi hija que tipo de regalo le gustaría que yo le hiciese a su hijo, mi nieto Luisito, enfermo de un extraño mal y desahuciado por los médicos desde hacía dos años; un mal que lo iba consumiendo lentamente y apagando, una a una, las velas de sus siete añitos. Mi hija me suplicó que el mejor regalo para el niño sería poder llevar el "doctor" a casa para que diera su diagnóstico. La desanimé diciéndole que el susodicho doctor era en realidad un curandero semianalfabeto que estaba encerrado en el centro penitenciario desde hacía más de cuatro lustros.
(Como este relato es un resumen del cuento que escribí para el periódico continúo saltando algunos párrafos)
Cuando el doctor entró en la habitación donde estaba mi nieto acostado, mi hija y yo nos situamos, en silencio, a los pies de la cama. El doctor miró al niño y luego paseó sus ojos por el cuarto, se agachó y palpó el suelo con las palmas de sus manos, se levantó y tocó las cuatro paredes. Volvió junto al lecho y se quedó fijamente mirando al niño enfermo. Dio unos pasos hasta acercarse a mi hija y le susurró que aquella habitación emitía mucha energía negativa, que sacara el niño al salón. Tendimos al niño sobre un sofá. El doctor puso su mano derecha sobre la frente del niño y la mano izquierda sobre su propia frente al mismo tiempo que miraba intensamente a Luisito que en ese momento abrió sus párpados y le sonrió con tristeza.
El doctor se separó del niño y nos dijo que ya estaba sanado, que dentro de unos días notaríamos una mejoría sensible.
Nunca supe lo que hizo el doctor aquel día. Ahora, un año después de la sesión, mi nieto se encuentra totalmente restablecido, asiste al colegio y juega con sus amigos.
Mañana será Navidad y los internos de la cárcel tendrán su propia fiesta, pero ¿qué podré regalarle al doctor?
sábado, 25 de noviembre de 2017
Un libro de mi biblioteca
Un mundo feliz
Autor: Aldous Huxley
¿Se puede obligar a una persona a ser feliz? Jamás, pues lo que es motivo de felicidad para una persona para otra no lo es.
Un caballo que da vuelta alrededor del eje de un molino de trigo a cambio de comida y techo puede ser más feliz que ese caballo que vive y galopa por la pradera libremente.
Aldous H. nos hace ver que a la larga la humanidad será tan aséptica, estará tan vacía y llegará a ser tan anodina que todos los seres humanos parecerán robot-humanos. No tendrán criterio ni capacidad crítica ya que caerán bajo el influjo del Poder, de los poderes, del Estado.
El pueblo estará dividido en clases sociales, pero más definidas que en la actualidad. Los ciudadanos pertenecientes al grupo alfa (la élite) estarán en la cúspide, seguidos por beta, gamma, delta y epsilon, que son los más parias, los que llamarán hombres/mujeres basura. Cada cual, dentro de su clase social, tendrá que ser feliz según las ideas que le haya inculcado el Poder, los gobernantes, en definitiva el Estado.
La familia, según la novela, es la causa de mucha perdición. Lo obligado es no tener hijo en la pareja, ya los tendrán las mujeres reproductoras en sus granjas de niños. Las palabras padre, hijo, familia, hermano, serán las más obscenas del vocabulario.
Por desgracia, según el autor, en toda regla hay excepciones, a pesar del celo del Gobierno para que sus súbitos sean felices habrá gente descontenta y ácrata que no se sometan al Estado y harán vida de animales, se aparearan, se amaran y tendrán hijos de una forma natural, animalesca. Esta gente, afortunadamente, vivirán en la selva, en el bosque, muy lejos de la civilización.
Toda sociedad ha de tener una evasión para esto se creó el Soma, una droga que idiotiza y te hace sentir bien, es una droga sintética despersonalizadora y que no afecta a la eficiencia en el trabajo, es más, te hace obedecer con alegría las órdenes de tus jefes.
A pesar que esta novela fue escrita en la década de los años 30 del pasado siglo se puede leer con una mentalidad del siglo XXI.
Copio algo del texto: "Habrá mujeres solteras o emparejadas sin hijos que ocupen puestos ejecutivos y muy especializados en la sociedad; habrá mujeres reproductoras que su única misión es producir hijos que se criarán en granjas estatales y también habrá mujeres neumáticas, hermosas y mollares para el goce de los alfa que lo deseen"
Sin comentarios.
Autor: Aldous Huxley
¿Se puede obligar a una persona a ser feliz? Jamás, pues lo que es motivo de felicidad para una persona para otra no lo es.
Un caballo que da vuelta alrededor del eje de un molino de trigo a cambio de comida y techo puede ser más feliz que ese caballo que vive y galopa por la pradera libremente.
Aldous H. nos hace ver que a la larga la humanidad será tan aséptica, estará tan vacía y llegará a ser tan anodina que todos los seres humanos parecerán robot-humanos. No tendrán criterio ni capacidad crítica ya que caerán bajo el influjo del Poder, de los poderes, del Estado.
El pueblo estará dividido en clases sociales, pero más definidas que en la actualidad. Los ciudadanos pertenecientes al grupo alfa (la élite) estarán en la cúspide, seguidos por beta, gamma, delta y epsilon, que son los más parias, los que llamarán hombres/mujeres basura. Cada cual, dentro de su clase social, tendrá que ser feliz según las ideas que le haya inculcado el Poder, los gobernantes, en definitiva el Estado.
La familia, según la novela, es la causa de mucha perdición. Lo obligado es no tener hijo en la pareja, ya los tendrán las mujeres reproductoras en sus granjas de niños. Las palabras padre, hijo, familia, hermano, serán las más obscenas del vocabulario.
Por desgracia, según el autor, en toda regla hay excepciones, a pesar del celo del Gobierno para que sus súbitos sean felices habrá gente descontenta y ácrata que no se sometan al Estado y harán vida de animales, se aparearan, se amaran y tendrán hijos de una forma natural, animalesca. Esta gente, afortunadamente, vivirán en la selva, en el bosque, muy lejos de la civilización.
Toda sociedad ha de tener una evasión para esto se creó el Soma, una droga que idiotiza y te hace sentir bien, es una droga sintética despersonalizadora y que no afecta a la eficiencia en el trabajo, es más, te hace obedecer con alegría las órdenes de tus jefes.
A pesar que esta novela fue escrita en la década de los años 30 del pasado siglo se puede leer con una mentalidad del siglo XXI.
Copio algo del texto: "Habrá mujeres solteras o emparejadas sin hijos que ocupen puestos ejecutivos y muy especializados en la sociedad; habrá mujeres reproductoras que su única misión es producir hijos que se criarán en granjas estatales y también habrá mujeres neumáticas, hermosas y mollares para el goce de los alfa que lo deseen"
Sin comentarios.
lunes, 30 de octubre de 2017
El editorial del blog
En España hay demasiados gilipotas
Desde hace unas décadas se observa en nuestra sociedad un incremento constante de comportamientos y actuaciones anómalas, aunque aceptadas por una mayoría de ciudadanos.
Si un conde, en la Edad Media, administraba una determinada marca o región, propiedad de la corona, y pretendía independizarse para formar su propio país, este conde traidor era capturado, enjuiciado y enviado a las mazmorras. Y no pasaba nada, así era la ley de sencilla. Ya lo dijo Ockham, la solución más sencilla es la mejor.
Un caso histórico reciente, bueno, de hace varios siglos, fue el de mi paisano el Duque de Medina Sidonia que en el siglo XVII pretendió independizar Andalucía de la Corona. Se detuvo a este mentecato, se le desposeyó de todos sus bienes (era el noble más rico de España), se le encerró en una cárcel durante años y cuando salió, no pudo regresar a su Andalucía y vivió casi de caridad en la casa de un caballero castellano hasta el fin de sus días. Mano de santo. Ya no se sublevó ningún otro gilí durante un tiempo.
Hay un condesito que en pleno siglo XXI pretende independizar una región de nuestra Patria. Es un pobre visionario, jaleado por una patulea de independentistas oportunistas, que sin él saberlo está buscando algo parecido a lo que le pasó a mi paisano, el andaluz. Bien merecido, por supuesto.
Vivimos en un país de gilipotas (no me gusta escribir gilipollas). Pero este condesito contemporáneo es un adalid de estos esperpentos.
También hay otros gilipotas de menor categoría que los anteriores. Un ayuntamiento de provincia peatonizó una calle y puso un disco de prohibido el paso a las bicicletas y ciclomotores, excepto carritos de minusválidos.¡Voto a bríos! Asociaciones de discapacitados y tullidos protestaron frente a la puerta del ayuntamiento por haberles llamados minusválidos, decían que ellos eran discapacitados. Joder con la semántica y el eufemismo popular.
Otra gilipotez, muy grave y difícil de comprender por la morralla, por el pueblo llano e inculto, es la "obligación" que, según ellos, tiene el Gobierno de España de acoger a esa patulea de inmigrantes ilegales que llegan a diario a nuestras costas, casi mil al día. Estos gilipotas que acusan de rechazarlos no comprenden en sus cortocircuitos neuronales que el Africa Negra pretende vaciarse en Europa a un ratio de un millón de personas por año. ¿Dónde los metemos?
A nivel individual también cometemos gilipoteces. a veces sin saberlo, pero lo más preocupante es lo de ese condesito de los cojines, el de la Marca Hispánica. Un gilipota que debe ser eliminado... políticamente.
Desde hace unas décadas se observa en nuestra sociedad un incremento constante de comportamientos y actuaciones anómalas, aunque aceptadas por una mayoría de ciudadanos.
Si un conde, en la Edad Media, administraba una determinada marca o región, propiedad de la corona, y pretendía independizarse para formar su propio país, este conde traidor era capturado, enjuiciado y enviado a las mazmorras. Y no pasaba nada, así era la ley de sencilla. Ya lo dijo Ockham, la solución más sencilla es la mejor.
Un caso histórico reciente, bueno, de hace varios siglos, fue el de mi paisano el Duque de Medina Sidonia que en el siglo XVII pretendió independizar Andalucía de la Corona. Se detuvo a este mentecato, se le desposeyó de todos sus bienes (era el noble más rico de España), se le encerró en una cárcel durante años y cuando salió, no pudo regresar a su Andalucía y vivió casi de caridad en la casa de un caballero castellano hasta el fin de sus días. Mano de santo. Ya no se sublevó ningún otro gilí durante un tiempo.
Hay un condesito que en pleno siglo XXI pretende independizar una región de nuestra Patria. Es un pobre visionario, jaleado por una patulea de independentistas oportunistas, que sin él saberlo está buscando algo parecido a lo que le pasó a mi paisano, el andaluz. Bien merecido, por supuesto.
Vivimos en un país de gilipotas (no me gusta escribir gilipollas). Pero este condesito contemporáneo es un adalid de estos esperpentos.
También hay otros gilipotas de menor categoría que los anteriores. Un ayuntamiento de provincia peatonizó una calle y puso un disco de prohibido el paso a las bicicletas y ciclomotores, excepto carritos de minusválidos.¡Voto a bríos! Asociaciones de discapacitados y tullidos protestaron frente a la puerta del ayuntamiento por haberles llamados minusválidos, decían que ellos eran discapacitados. Joder con la semántica y el eufemismo popular.
Otra gilipotez, muy grave y difícil de comprender por la morralla, por el pueblo llano e inculto, es la "obligación" que, según ellos, tiene el Gobierno de España de acoger a esa patulea de inmigrantes ilegales que llegan a diario a nuestras costas, casi mil al día. Estos gilipotas que acusan de rechazarlos no comprenden en sus cortocircuitos neuronales que el Africa Negra pretende vaciarse en Europa a un ratio de un millón de personas por año. ¿Dónde los metemos?
A nivel individual también cometemos gilipoteces. a veces sin saberlo, pero lo más preocupante es lo de ese condesito de los cojines, el de la Marca Hispánica. Un gilipota que debe ser eliminado... políticamente.
Cuando la verdad produce dolor
Cuando la verdad produce dolor
Debemos distinguir entre mentira y embuste. La mentira es algo que se dice sabiendo que no lo es mientras que el embuste es una mentira elaborada, liada y disfrazada de verdad.
Un poner. Un empresario invita a cenar a una empleada que está como para llevarla al río. En los postres él le pregunta a ella. ¿Soy aborrecible para cualquier mujer? No, por supuesto que no, don Antonio. Dice ella pensando en la promoción a jefa de planta de Almacenes Brass. La chica miente porque le interesa, en este caso es casi sagrado su embuste. Tiene que sobrevivir. Pero cuando cualquier madre habla de su hijo, que vive en otra ciudad, que trabaja en un puesto importantísimo de una multinacional y en realidad es un paria que maneja una carretilla elevadora en un almacén de materiales de construcción, es una mentira a lo pobre, no es ningún embuste. Las madres están para eso.
Todos mienten, todos mentimos. Los curas, los políticos, los sabios (que son pagados por empresas para decir tonterías a favor de algo), los actores, los futbolistas, los empresarios, el gobierno, los médicos ¿Cómo estoy hoy, doctor? pregunta la mujer moribunda. Tienes mejor aspecto que ayer, en una semana en casa. Y va y se muere la paciente al día siguiente. ¿Me quieres? pregunta la fea y desagradable esposa a un cansado marido que hojea una revista. Sí, amor, te quiero, mientras piensa el menda en Loli, su nueva novia clandestina. Mentiras y embustes. Así funciona el mundo. Recuerden aquella mentira que le costó al Gobierno millones cuando una multinacional farmaceútica montó el bulo de la gripe aviar vendiendo millones de dosis a Francia y a España y que después resultó ser una gran mentira empresarial. Y esas mentiras urdidas sobre el calentamiento global por nuestra causa, sin explicar los fenómenos solares y del cambio cíclico de la temperatura de nuestro planeta. O los embustes que nos dicen los políticos cuando nos cuentan que nuestra economía y nuestro nivel de vida es el mejor de Europa.
Un mentira que presencié una vez fue cuando estando yo leyendo en un banco del paseo marítimo de una ciudad playera se sentó a mi lado una señoras que empujaba un taca-tá . Al rato llegó un inválido en un carrito eléctrico. Ambos se saludaron y se preguntaron ¿Cómo estás? Bien, y yo también. Pobrecitos, que mentiras más consoladoras se echaron.
La verdad casi nunca se dice, pero se piensa. Produce más dolor que una mentira, aunque esté bien urdida. Quizá por esto todos somos tan embusteros y mentirosos.
Debemos distinguir entre mentira y embuste. La mentira es algo que se dice sabiendo que no lo es mientras que el embuste es una mentira elaborada, liada y disfrazada de verdad.
Un poner. Un empresario invita a cenar a una empleada que está como para llevarla al río. En los postres él le pregunta a ella. ¿Soy aborrecible para cualquier mujer? No, por supuesto que no, don Antonio. Dice ella pensando en la promoción a jefa de planta de Almacenes Brass. La chica miente porque le interesa, en este caso es casi sagrado su embuste. Tiene que sobrevivir. Pero cuando cualquier madre habla de su hijo, que vive en otra ciudad, que trabaja en un puesto importantísimo de una multinacional y en realidad es un paria que maneja una carretilla elevadora en un almacén de materiales de construcción, es una mentira a lo pobre, no es ningún embuste. Las madres están para eso.
Todos mienten, todos mentimos. Los curas, los políticos, los sabios (que son pagados por empresas para decir tonterías a favor de algo), los actores, los futbolistas, los empresarios, el gobierno, los médicos ¿Cómo estoy hoy, doctor? pregunta la mujer moribunda. Tienes mejor aspecto que ayer, en una semana en casa. Y va y se muere la paciente al día siguiente. ¿Me quieres? pregunta la fea y desagradable esposa a un cansado marido que hojea una revista. Sí, amor, te quiero, mientras piensa el menda en Loli, su nueva novia clandestina. Mentiras y embustes. Así funciona el mundo. Recuerden aquella mentira que le costó al Gobierno millones cuando una multinacional farmaceútica montó el bulo de la gripe aviar vendiendo millones de dosis a Francia y a España y que después resultó ser una gran mentira empresarial. Y esas mentiras urdidas sobre el calentamiento global por nuestra causa, sin explicar los fenómenos solares y del cambio cíclico de la temperatura de nuestro planeta. O los embustes que nos dicen los políticos cuando nos cuentan que nuestra economía y nuestro nivel de vida es el mejor de Europa.
Un mentira que presencié una vez fue cuando estando yo leyendo en un banco del paseo marítimo de una ciudad playera se sentó a mi lado una señoras que empujaba un taca-tá . Al rato llegó un inválido en un carrito eléctrico. Ambos se saludaron y se preguntaron ¿Cómo estás? Bien, y yo también. Pobrecitos, que mentiras más consoladoras se echaron.
La verdad casi nunca se dice, pero se piensa. Produce más dolor que una mentira, aunque esté bien urdida. Quizá por esto todos somos tan embusteros y mentirosos.
Hábitat
Hábitat
Hábitat, complejo de condiciones de vida que inciden en el desarrollo de una persona.
Este vocablo lo descubrí en mi tierna adolescencia y me gustaba tanto que lo soltaba sin ton ni son, sin venir a cuento, para sorprender a otras personas con mi cultura.
Una bobada de adolescente, pero lo que sí es cierto es que el hábitat, el medio ambiente en el que se cría un individuo influye grandemente en su personalidad y en la forma que afrontar lo bueno y lo malo de la vida. Un ejemplo, la mujer o el hombre avaro que teniendo una situación económica aceptable vive como un mendigo por miedo a perder la fortuna ya que le aterroriza el recuerdo de pasar hambre como cuando vivía con su pobre familia, durante la posguerra, en un barrio de chabolas. O aquel hombrecete que gracias a la mal conceptuada democracia, donde cualquier patán adulador y desvergonzado puede alcanzar un alto puesto político creyendo que es un ser omnipotente y omnisciente por mor a su nuevo y artificial hábitat y que comete miles de tropelías embriagado por el propio poder y por los tiralevitas que lo jalean.
No recuerdo si fue Verlaine quien dijo aquello que los hijos de los menesterosos difícilmente alcanzarían el triunfo y la gloria si su hábitat no cambiaba. Pocos hombres insignes en el mundo del arte o de la ciencia surgieron viviendo en un ambiente sórdido y retrasado. Así lo reconoció el pintor Dalí que escribió en sus memorias: "En la Residencia de Estudiantes estábamos los mejores jóvenes de la burguesía progresista española. Yo (Dalí), Lorca y Buñuel. Éramos magníficos y generosos sin límites con el dinero ganado por nuestros padres"
Gustave Flaubert decía que las virtudes de un hombre emergen con su bienestar. Un chico poligonero o barriobajero jamás podrá destacar si no cambia de hábitat a tiempo, cambiando de familia, de amigos y de colegio. Hay casos de gente muy pobre que destacaron pero jamás viviendo en su hábitat de origen sino con la ayuda de una familiar o alguien interesado en su educación. Camús, hijo de dos peones pobres y analfabetos, estudió porque el párroco de su pueblo le ayudó a interesarse por los libros y por el estudio.
Unos hijos criados por padres imbéciles, tolerantes, laxos y dispersos por lo general saldrán también estúpidos y jamás alcanzarían, como sus propios padres, un coeficiente de inteligencia superior a 80. Pero si al menos uno de sus progenitores es medianamente inteligente y se preocupa por la educación del hijo o de la hija podría salir apto para enfrentarse bien en la lucha por la vida, como preconizaba Pío Baroja.
Es un apotegma: De padres inteligentes, hijos inteligentes, siempre que el hábitat sea el adecuado.
Unos hijos criados por padres imbéciles, tolerantes, laxos y dispersos por lo general saldrán también estúpidos y jamás alcanzarían, como sus propios padres, un coeficiente de inteligencia superior a 80. Pero si al menos uno de sus progenitores es medianamente inteligente y se preocupa por la educación del hijo o de la hija podría salir apto para enfrentarse bien en la lucha por la vida, como preconizaba Pío Baroja.
Es un apotegma: De padres inteligentes, hijos inteligentes, siempre que el hábitat sea el adecuado.
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