miércoles, 28 de agosto de 2019

Cultura y Mente

Cultura y Mente

Septiembre 2019 

Gnothi seauton (Conócete a ti mismo) 

Sep 1


El Editorial del Blog

El aburrimiento

 Consideramos que el aburrimiento es un estado mental donde nada ni nadie es capaz de estimularnos de ese estado de ataraxia en la que hemos caído sin saber cómo ni por qué.

En todo ciclo humano, en personas consideradas normales, hay épocas de mala racha y otras de buena vida. El famoso Yin y Yang. Dos conceptos que se complementan, el yin es una fuerza negativa y el yang es positiva. Lo malo y lo bueno. La desgracia y la fortuna. El frío y el calor. La luz y la sombra. Siendo así, ¿por qué nos desequilibramos y nos aburrimos tanto?

En nuestra sociedad desarrollada, donde casi todo los ciudadanos viven  bien y con dignidad, hay grupos de personas que no saben qué hacer con su tiempo libre, se aburren. Necesitan un animador o un coach para estimularlos y que les digan como vivir para sacar sustancia a la vida. Son unos inanes mentales, que es diferente a  deficientes mentales. En realidad son unos vagos conceptuales. 

Entre la gente joven, y si está protegida económicamente por sus padres mucho peor, suele destacar una caterva de personajillos botarates, estúpidos y desnortados que malgastan su tiempo en practicar sin ton ni son un sexo vacío de amor, en drogarse y en emborracharse para evitar sentir la realidad en sus hueros cerebros. Lo que más temen es que les digan que son unos descerebrados, unos  inútiles y unos seres conflictivos para sus familias y para la sociedad. Unos entes que solo están en la vida para aturdirse y aburrirse.

También entre las personas mayores, ancianos y no tan ancianos, los hay que se aburren porque no son capaces de ocupar su tiempo libre; ellos, hasta el momento de su jubilación, tan acostumbrados a obedecer y repetir una acción hasta la saciedad, ahora que le sobra el tiempo libre, se deprimen y se aburren. Aunque ellos saben que si tienen una ocupación lúdica el tiempo se pasa más grato, saben que si viajan con regularidad se le quita de la mente esa zurrapa atocinada que le cubre sus entendederas, saben que si estudian por el placer de saber su mente se enriquece, pero también saben que no tienen voluntad para nada se aburren,  se marchitan en el agua estancada de su inanidad.

Hasta hace poco nos decían en el colegio y en casa que "El ocio era la madre de todos los vicios" No en el siglo XXI, en la actualidad  tiene otra connotación, el ocio puede ser el vehículo para superar nuestra inacción. Un ocio bien administrado puede servir para enriquecer nuestra vidas, seamos jóvenes, adultos o ancianos.

El aburrimiento es nefasto, puede generar infinitas enfermedades psicosomáticas, imaginadas, que con el tiempo se materializan cayendo estos  pseudo enfermos ociosos en una espiral ¿deseada? de enfermedad, recuperación aparente y otra vez enfermedad. Ellos creen que así llama la atención de sus familiares más próximos para no sentirse solos y si además son cuidados por  un personal sanitario cualificado, mucho mejor. Algunos aburridos desean  y piden incluso que los ingresen en un hospital.

Toda persona normal, que no padezca ningún tipo de enfermedad física o tara mental, debe contrarrestar el aburrimiento con la acción. Si son jóvenes lo más recomendable es tener un trabajo remunerado y si son viejos se pueden estimular con distracciones y deportes según sus edades. 
Seamos sinceros, solo se aburren los lerdos y los desequilibrados existenciales.

martes, 27 de agosto de 2019

Un cuento para el Otoño

Un cuento para el Otoño

La Bofetada

Jacinto tenía prisa aquella mañana. Madrugó para estar en la fila  de vecinos entre los primeros. Cuando llegó a la portería del edificio de pisos La Alondra ya había cinco residentes. El Funcionario Estatal aún no había llegado. Llegó sofocado, había mucho tráfico, se excusó. Se quitó la americana, se remangó la manga del brazo derecho y dijo: El primero; no sin antes saludar cortesmente: Buenos días don Andrés, ¿que tal ha dormido usted esta noche? -Regular, tengo muchos problemas en la empresa.
- Por favor ponga usted esa mejilla en posición.  ¡Zas! una sonora bofetada resonó en la portería. 
-Gracias, dijo el Funcionario, hasta mañana si Dios quiere. Hasta mañana, contestó el abofeteado acariciándose la mejilla enrojecida.

Jacinto esperaba su turno, miraba el reló con ansiedad. Un chico muy joven se situó tras él . Se le veía nervioso.  Tu eres nuevo aquí. Sí, yo soy el hijo de la viuda de Pómez y como acabo de cumplir los 18 años de edad ocupo el lugar de mi madre, que ya no está para estas zostias mañaneras.
-Te habrás traído la partida de nacimiento. Este Funcionario es muy estricto, te la exigirá
-Sí señor, aquí la tengo. Estoy algo asustado y no se si estaré a la altura de todos ustedes, tan experimentados en recibir las bofetadas diarias.

Se retrasó la marcha. Algo pasó con el vecino del 5ºC que se encontraba dos puestos por delante de Jacinto, un vecino de aspecto enclenque y desnutrido que al recibir la bofetada cayó al suelo desmayado. 
-Mira que se lo tengo dicho -protestó con benevolencia el Funcionario- que no baje sin desayunar que así no aguanta ni media zostia, perdón, quise decir bofetada. ¡Ea, pues a la cola otra vez y que se recupere pronto! Tiene que recibir otra bofetada y esperemos que no se caiga esta vez.

En la cola vecinal, el chico nervioso le preguntó a Jacinto que desde cuando era esta norma de recibir todo vecino de cada edificio, de cada ciudad, de todo el país una sonora bofetada cada mañana. 
-Tú no había nacido aún -contestó Jacinto- desde el año 2000 Fue una sabia decisión de nuestro querido Líder para hacernos reflexionar que no somos nadie fuera de su tutela. 
-¿Y por qué la gente no se rebela?
-¿Por qué, para qué, por recibir una bofetada de aviso?
-Pues yo la considero humillante y vejatoria. 
-Vosotros los jóvenes siempre estáis protestando. Hay que aceptar la autoridad incuestionable de nuestro Líder.

-¡Hombre chaval!- dijo jovialmente el Funcionario cuando le tocó el turno al joven primerizo. Muéstrame la partida de nacimiento. Correcto. Te haré todo un hombre. Quítate las gafas y relaja la cara.
Una sonora bofetada templó la cara del joven.
-¿Te ha dolido? Preguntó el funcionario mientras que le entregaba las gafas. ¿Se te quitó las posibles tonturas que hoy te podrían haber afectado?
-Sí señor. Siento un alivio tremendo, sin culpa ni remordimiento de nada. Creo que esto me va a gustar a medida que me vaya a costumbrando.
-

Memorias de un Arqueólogo diletante

Memorias de un arqueólogo diletante 

Viviendo en Granada me gustaba realizar visitas a lugares curiosos para satisfacer mi eterna curiosidad por todo lo que me rodea.

Llevé a mi mujer a dos lugares misteriosos, no muy lejos de la capital: Las Gabias y La Malahá. Corría el año1982.

En Las Gabias visitamos el Baptisterio Romano (hay quien dice que es bizantino) de propiedad privada. Por indicación de una vecina llegamos a la casa de Encarnita para exponerle nuestro deseo de visitar aquella antigua ruina del siglo III Como era relativamente temprano en aquella mañana de abril la mujer-guía cogió una vela y una caja de cerillas de su casa y un manojo de llaves y cruzamos los tres la carretera hacia las ruinas. Bajamos por una especie de rampa hacia una reja cerrada por un candado y tras abrirlo penetramos en un largo corredor que se oscureció, motivo por el cual Encarnita encendió la vela y nos explicó todo lo que ella sabía del lugar descubierto por su abuelo en el año 1928.
Supe, días después tras consultar unos libros, que el susodicho baptisterio fue esquilmado, tras su hallazgo, por unos y por otros. Se llevaron el revestimiento de placas de mármol blanco, arrancaron trozos de mosaico incluso la pileta octogonal bautismal, de tamaño más bien grande, fue expoliada. Un desastre ¿Por quién o por quienes?
El lugar todavía tiene una carga histórica importante. Tras caminar por el largo pasillo de unos 15 metros de largo iluminado por la vela llegamos a la sala principal, muy deteriorada. Todo en sí era  interesante si uno tenía la suficiente imaginación para verla como podría estar en el pasado. Cuando salimos del recinto, le dimos una propina a la mujer y dirigimos el coche hacia La Malahá.

Este pueblo yo lo conocía de paso, pues de paso me pillaba cuando cogía mi moto y desde Otura, cruzaba la carretera que baja a la Costa, para llegar a  La Malahá, tomar un café y proseguir por los carriles de la Comarca triguera del Temple para salir por cualquier parte. Pero nunca visité el lugar hasta que mi mujer y yo preguntamos en un bar cómo podíamos ver la casa del Santo. 
Nos indicaron que en una casa que desde allí se veía se podía pedir la llave de la casona. Una mujer, curiosamente muy parecida a la de Las Gabias, nos abrió y tras escudriñarnos, llamó a un chicuelo que estaba por allí y dándole las llaves le dijo que nos abriera la casa para ver el Santo.
Nada más entrar en el zaguán de la casa solariega cerrada desde hace décadas, a mano izquierda había una especie de capilla privada con una urna de cristal y dentro de esta se veía un esqueleto o cadáver amojamado disfrazado de soldado romano, pero al estilo del siglo XVIII Aquello era patético y feo, desagradable y esperpéntico.
Supe después que el dueño de la casa, mejor dicho sus ascendentes, consiguieron la canina a cambio de una dote que dieron al Vaticano para realizar unos obras de mantenimiento de la Ciudad Santa. A cambio del óbolo le regalaron estos despojos de tan mal gusto.
Mi mujer me tiraba de la manga y me decía, vámonos de aquí que esto es muy desagradable.
Ni santo ni nada. En la década de los cincuenta el obispo de Granada quiso quitarlo de en medio, pues la gente lo adoraban y lo sacaban en procesión cual santo se tratase. No pudo. Los vecinos se opusieron y allí se dejó y siguen sacándolo en procesión cada año y le hacen sus novenas y le rezan las plegarias pertinentes y dicen que también hace de vez en cuando un milagro. Es que el pueblo llano es muy tradicional. 

domingo, 25 de agosto de 2019

Sep 2


Un libro de mi biblioteca

La Peste

Autor: Albert Camus

En la contraportada de la novela leemos:

"Una invasión de ratas causa una epidemia de peste en la ciudad argelina de Orán. Las medidas profilácticas exigen el aislamiento de sus habitantes que deberán afrontar la ruptura dramática de sus vidas. Y es en ese escenario abismal donde Camus destapa la grandeza y las miserias de la condición humana. Pieza clave del existencialismo. Esta novela fue considerada como una alegoría sobre la ocupación nazi de Europa y los efectos que esta tragedia tuvo en la moral del Continente" 

"Tarron se pregunta. ¿qué hacer para no perder el tiempo? Y él mismo se responde: Sentir el tiempo en toda su lentitud. Pasarse los días en la antesala de un dentista sentado en una silla inconfortable. Vivir el domingo en el balcón viendo pasar la gente. Viajar en un tren de largo recorrido abarrotado de gente y viajando de pie; hacer cola en la taquilla de un cine por más de una hora..."

"El cura era de talla mediana pero recio. Cuando se apoyó en el borde del púlpito, agarrando la barandilla con sus gruesas manos, no se vio más que una forma pesada y negra rematada por dos manchas de sus mejillas rubicundas bajo las gafas de acero. Tenía una voz fuerte, apasionada y más cuando atacaba a los asistentes con una sola frase vehemente: Hermanos míos, habéis caído en desgracia; hermanos míos habéis merecido esa plaga, esa peste"

"La ciudad estaba toda infectada. Todos sus ciudadanos llegaron a vivir la ley de la peste, más eficaz cuanto más mediocre. Ni uno entre nosotros tenía grandes sentimientos. Todos experimentaban sentimientos monótonos. La miseria, física y moral, anula los grandes sentimientos"

"Cuando la plaga cesó la gente gritaba de felicidad. Rieux sabía que esta alegría estaría siempre amenazada. Esa gente dichosa ignoraba lo que se puede leer en los libros, que el bacilo de la peste no muere ni desaparece jamás, que puede permanecer durante decenios dormido en los muebles, en la ropa y que puede llegar un día en que la peste despierte a sus ratas y les mande a morir en una ciudad dichosa"